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El color que convoca multitudes_

En un pestañear, un bosque de 40 mil hectáreas se viste de un amarillo intenso que embelesa la vista. este milagro natural antes desconocido hoy es uno de los más visitados del sur del ecuador.

El guayacán es un árbol paciente. Alcanzar 15m de altura le toma alrededor de dos siglos. Cada año esta especie nativa de América espera las primeras lluvias que marcan el inicio de la época lluviosa en la Costa; en ese instante, brotan de sus ramas bulbos que se abren y bañan al bosque seco de un intenso amarillo, espectáculo único en el mundo que se da en la frontera sur del Ecuador a inicios de cada año. Así como puede ser paciente, el guayacán también puede ser fugaz: sus flores, en menos de una semana, se dejan caer y tiñen de amarillo el suelo. La paciencia del guayacán la tienen también los habitantes de la zona, quienes se preparan año a año con el fin de convertirse en los anfitriones de miles de admiradores de la belleza natural del país.

Una intervención fugaz convirtió un milagro íntimo, que ocurre en un bosque de 40 mil hectáreas –el más grande de Ecuador en esta especie–, en un acontecimiento de escala internacional. Cuatro años atrás, el Ministerio de Turismo de Ecuador se propuso compartir con el resto de nacionales y el mundo el hasta hace poco desconocido florecimiento de los guayacanes, que ocurre en el cantón Zapotillo –de poco más de 12 mil habitantes–, al sur del país.

Ya se demostró el éxito de la campaña: sus habitantes ofrecieron platos típicos (chivo al hueco, tortillas de maíz, chicha), fueron guías, organizaron cabalgatas, establecieron rutas de ciclismo y áreas para acampar. Antes, este espectáculo solo había sido apreciado por los habitantes de Mangahurco, Bolaspamba y Cazaderos, poblaciones que colindan con el bosque. Para ellos, el amarillo es sinónimo de prosperidad: anunciaba el inicio de la siembra, y hoy además marca el florecimiento de un espectáculo de impresionante belleza natural.